
A veces siento que ya no hay nada que decir…
O quizá a lo mejor… no hay nada que valga la pena decir…
El tiempo transcurre lentamente y yo… continúo cerca de tu corazón… pero tan lejos de tu latido…
Te veo venir hacia mí y no siento más cosquillas…
Duermo tranquila con el ritmo de tu aliento… pero he dejado de soñar…
No espero de ti nada, ni detalles, ni sorpresas, ni besos con sabor a ilusión…
No tengo ganas amor… de rescatar este nosotros que se hunde y se aleja entre las olas del mar de mi llanto que tanto tiempo derrame por ti… es que ya no tengo ganas de volver a esta playa a contar los recuerdos y buscar sonrisas como perlas preciosas escondidas en la arena…
Aún te siento en mí, muy quedito, latiendo como una llama de la última velita de cumpleaños que se consume sin pena ni gloria después de las risas de la celebración…
No sé si yo te perdí primero… sólo sé que poco a poco pierdes el gran amor que sentí por ti… es la última ceniza que se esfuma con el viento… y yo… hoy no tengo ganas de correr tras de ella…
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